• RAÚL A. RUBIO CANO

Ventarrones


“Febrero loco y marzo otro poco”, dice el dicho popular para caracterizar la situación climatológica de estos meses del año. Pues, a esa “locura” climatológica de cambiantes y extremosas temperaturas, hay que agregar los fuertes ventarrones que entran desde el noroeste, azotando con furia la metrópoli y generando grandes tolvaneras para incrementar la mala calidad del aire que todos respiramos; una realidad que podría ser mucho peor, si no existieran nuestras montañas, desde Picachos hasta la Sierra Madre. Aunado a ello la lamentable deforestación del área metropolitana, donde es natural que las estaciones del Sistema de Monitores Ambiental (SIMA) ubicadas en la periferia metropolitana de nororiente a norponiente, desde Apodaca a Santa Catarina, registren (si no están “descompuestas”), muy mala calidad del aire; por lo tanto, el problema no sólo es medir esta calidad del aire que consumimos con equipos que resuelvan los problemas de validez y confiabilidad de todo instrumento reflexivo (recordemos que los actuales estaciones de monitoreo, son aparatos de hace varias décadas), sino el poder implementar verdadera estrategia para sanear ese aire y en donde, el mejor filtro que pudiéramos tener, sería el establecer una agresiva reforestación de muy diversas maneras en toda la entidad metropolitana, que va desde la labor cotidiana de las familias y las escuelas, a la creación de un verdadero bosque urbano, como también, la siembra de cientos de miles de árboles para llegar a la meta de más de un millón en los próximos años, implicando en ello, una intensiva labor de creación de jardines en techos, paredes y colgantes, en casas habitación, edificios públicos y privados. Recordemos que nos enfrentamos a una contaminación de partículas que en su mayoría son polvos de pedreras y de las deforestación para los nuevos desarrollo que se van dando, y habría que agregar la injerencia externa a la entidad, de polvos que esos vientos acarrean de los desiertos de Arizona, Nuevo México, Texas, Chihuahua, Durango y norte de Coahuila. Igualmente, agregar las nano partículas de fierro que expelen al ambiente más de dos millones de vehículos de combustión interna diariamente y su respectiva quema de combustibles, no digamos humos muy diversos en su composición de empresas metal-mecánica, química, plásticos, automotriz, etcétera y refinería de Cadereyta, donde las mezclas de todos estos contaminantes, generan un gran coctel de tóxico que luego se estanca sobre nuestra ciudad, ante más de 200 inversiones térmicas al año, generando así la metrópoli más contaminada en su aire de México y del continente americano; las consecuencias de ello, también son sus altos índices de enfermedades respiratorias y muerte de los regios. Resolver este encrucijada implica contar con equipos modernos para medir la contaminación, hoy ya todo en base al estudio y manejo de nano partículas; se demanda un trabajo para ubicar fuentes de las mismas y consecuencia en la salud y, un trabajo ciudadano con alta convocatoria institucional del Estado, para aglutinar muy diversos sectores de la población en esta gran cruzada contra la contaminación del aire que respiramos todos, ya es hora de cambiar esa pésima realidad y sus lamentables consecuencias porque: la incapacidad física, mental y la muerte, avanzan con mucha decisión ¡Órale! raurubio@gmail.com


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15 Segundos | Periodismo Político en Monterrey, Nuevo León.