Somos rancho


Los regiomontanos nos sentimos orgullosos de nuestra ciudad y la presumimos como una metrópoli de primer mundo, aunque la verdad en muchos aspectos seguimos siendo un rancho grande. Nuestras autoridades, que cada que pueden se untan toda la crema y se acaban la bolsa de confeti echándoselo encima, no son capaces de resolver algo tan sencillo y que llevamos años padeciendo como lo es la realización de carreras y maratones en nuestras calles, porque cada vez que los tenemos, termina siendo una odisea para quienes tienen la desgracia de tener que conducir vehículos un domingo en la mañana. No estoy en contra del deporte, al contrario. De lo que me quejo es de la falta de previsión, organización y alternativas viales de los organizadores y nuestras autoridades que les solapan, anteponiendo el interés de un grupo al de muchísimos más que nos vemos afectados. Hace 25 años, cuando nació mi hijo, tuve que pasar varias noches en vela cuidándole en el hospital y la mañana de un domingo, cuando volvía a casa a descansar unas horas, un oficial de tránsito no me dejaba cruzar una avenida que forzosamente tenía que hacerlo, ya que ahí está el acceso a la colonia en donde vivo. Yo, cansado y con los nervios de punta, terminé por exasperarme y aquello acabó mal, muy mal. Ayer recordé esa historia porque intentar cruzar la avenida Revolución de oriente a poniente o viceversa era imposible. Habiendo cruces en varios lugares, los corredores avanzaban por las laterales para que no tuvieran que hacer el enorme esfuerzo de subir y bajar por los pasos deprimidos. Lo mismo pasó en otras avenidas importantes. A lo largo de los años me he quejado una y otra vez de lo mismo, he propuesto soluciones, pero aramos en el mar o el desierto, porque ninguna autoridad pone remedio; destinan cientos de hombres a proteger a los corredores y a los automovilistas que nos lleve el diablo, con todo y que somos ciudadanos exactamente iguales. Amigos corredores se defienden comparando sus eventos con los maratones de las grandes ciudades del mundo, pero ocurre que en esos sitios hay organización y alternativas para quienes tienen que desplazarse en autos y aquí te topas con la cerrazón de oficiales que no entienden de urgencias o problemas y que no te orientan o ayudan, limitándose a decir “siga adelante”. Somos rancho porque tenemos autoridades de rancho que no pueden resolver algo tan sencillo como esta simple convivencia entre deportistas y automovilistas. Somos rancho porque se van a lo fácil y se excusan diciendo que sólo es por un rato, sin importarles el daño que le causan a la atmósfera por el tiempo que muchos vehículos deben circular para ingenieársela y encontrar una solución. Padecemos los mismos problemas desde hace más de 25 años y han cambiado alcaldes, políticos, partidos, y todos están hechos del mismo barro, barro inútil e insensible, como el que se rompe con solo mirarlo. ftijerin@rtvnews.com































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