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¿Partidos en Crisis?




José Luis Elizondo T.


“En una democracia,

el papel más importante es el de ciudadano.”


Se ha difundido la idea de que los partidos políticos están en crisis, no sólo en México, sino en la mayoría de los países. Esta afirmación es falsa. Los partidos políticos no están en crisis, ya que son instituciones necesarias para el desarrollo de las democracias. Es difícil pensar en una democracia sin partidos, como es difícil concebir un gobierno sin instituciones de impartición de justicia.


Los promotores de las candidaturas independientes explotaron al máximo esa falacia, repitiendo hasta el cansancio que la gente ya no cree ni confía en los partidos políticos, cuando en realidad, quienes están social y políticamente devaluados son algunos políticos que han medrado a la sombre de los partidos.


En la reforma electoral de 2014 se aprobó la Ley General de Partidos Políticos, que tiene como objetivo, regular las disposiciones constitucionales aplicables a los partidos nacionales y locales.


El artículo tercero de esta ley define a los partidos políticos como entidades de interés público con personalidad jurídica y patrimonio propios, con registro legal ante el Instituto Nacional Electoral o ante los Organismos Públicos Locales, y tienen como fin promover la participación del pueblo en la vida democrática, contribuir a la integración de los órganos de representación política y, como organizaciones de ciudadanos, hacer posible el acceso de éstos al ejercicio del poder público.


En México, como en la mayoría de los países, los partidos tienen como principal fuente de financiamiento los recursos públicos, con esta medida se pretende impedir su financiamiento con recursos de procedencia ilícita, o con dinero que proviene de grupos económicamente poderosos, con quienes podrían asumir compromisos, como sucede en el sistema de partidos en el vecino país del norte del río Bravo.


Por ello insistimos, que los partidos, como instituciones públicas, no son responsables de la crisis democrática que vivimos, sino algunos políticos que con sus acciones desacreditan la política y los partidos.


Recordemos que cuando Luis Echeverría Álvarez mandó al ostracismo a Alfonso Martínez Domínguez, al responsabilizarlo (sin pruebas fehacientes) de la represión a estudiantes el 10 de junio de 1971, éste último aguantó de manera estoica y disciplinada para esperar una nueva oportunidad, la que le llegó un sexenio y medio después, cuando fue designado candidato y posteriormente resultó electo como Gobernador del Estado, y según algunos políticos, ha sido uno de los más importantes del siglo 20. Martínez Domínguez nunca dejó al PRI, aunque se mantuvo aislado y al margen, permaneció en sus filas en busca de nuevos horizontes.


Pero desde hace varias elecciones los políticos actúan de manera diferente, se desesperan, exigen posiciones, se sienten irremplazables. Si su partido no les permite ser candidatos, buscan ser postulados por otros colores, en lugar de intentar convencer a su militancia de que su candidatura es la mejor.


El lado perverso de esta actitud es que esos políticos están distraídos de su actividad principal, que es la construcción de una mejor sociedad, en su lugar están en la búsqueda constante de nuevos cargos, aunque sea con partidos que son ideológicamente opuestos al que han pertenecido.


La sociedad necesita de los partidos para fortalecer la democracia y los partidos políticos requieren de personas que realicen el trabajo político para encontrar un mejor futuro. Esperamos que paulatinamente retorne en partidos y políticos en general el sentido común, porque la política, no es el arte de mantenerse siempre con un puesto a cargo del erario, sino el arte de conciliar, entre todos los actores políticos, las mejores ideas, propuestas y proyectos que beneficien a toda la sociedad nuevoleonesa.

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