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  • Foto del escritorAraceli Garza

Tres razones por la que el Rey de España no pediría perdón


José Luis Elizondo Treviño.


El presidente Andrés Manuel López Obrador ha insistido que el Rey de España debe ofrecer disculpas al pueblo de México, y concretamente a los pueblos originarios, por la conquista del territorio que ahora ocupa nuestro país.

Sin embargo, llama la atención que siendo él y su esposa acuciosos lectores de la historia nacional, además de tener entre sus seguidores y afines a su corriente política a varios historiadores reconocidos, no hayan recapacitado en los siguientes aspectos que hacen difícil obtener ese perdón el cual, dicho sea de paso, no le sirve de nada a nuestro país, más bien al contrario, porque erosiona la relación bilateral con España, nación a la que nos unen lazos históricos, económicos, culturales y hasta familiares, porque es muy probable que en el árbol genealógico de millones de mexicanos, sus raíces se extiendan hasta la península ibérica.

En primer lugar, en 1521, años en el que se consumó la derrota del pueblo azteca, no existía México como lo conocemos hoy, sino una serie de gobiernos tribales desde el centro del país hacia Centroamérica, porque el norte era -y los fue por casi tres siglos posteriores a la conquista- tierra de guerra viva, como la describieron algunos historiadores, ya que los pueblos “chichimecas” eran nómadas, guerreros y hay quienes afirman que algunas de sus tribus practicaban la antropofagia.

Hernán Cortés venció a los aztecas gracias a su astucia política; seguramente leyó a Maquiavelo, y comprendió que para vencer a los aztecas, tenía que unir a todos los enemigos del imperio que en ese entonces dirigía Moctezuma.

Los aztecas, como se ha señalado en los libros de historia, ejercían su supremacía de modo cruel, pues además de exigir fuertes tributos a los pueblos dominados, tomaban a algunos integrantes para celebrar sacrificios humanos a sus dioses.

De esta forma, utilizando las teorías del príncipe Maquiavelo, -divide y vencerás- Cortés aprovechó en descontento de las demás tribus o pueblos originarios, entre ellos a los tlaxcaltecas, a quienes recompensó con posesiones de tierras conquistadas.

En segundo lugar, por aquellos años España no era España, sino pequeños reinos como el de Castilla, Aragón, Navarra, etc., que luchaban entre sí. La época de los Reyes Católicos, Fernando de Aragón e Isabel de Castilla, cedió la corona a la casa de Habsburgo poco antes de la llegada de Hernán Cortés a la Villa Rica de la Vera Cruz. Por ese motivo el penacho de Moctezuma, que el emperador azteca regaló a Cortés en muestra de amistad y buena voluntad, está en Viena, Austria, ciudad que fue asiento de los Habsburgo.

Desde aproximadamente el año 1700 a la fecha, salvo breves interrupciones, reina en España la Casa Borbón. Eso significa que ni el actual monarca ni sus antepasados, tuvieron nada que ver con la conquista.

En tercer lugar, a diferencia de la conquista de Norteamérica por los colonos ingleses y sus descendientes americanos, quienes avasallaron a los pueblos indígenas para ocupar sus territorios, destinando a pequeñas reservaciones a los pocos sobrevivientes, los españoles se mezclaron con los indígenas locales, aunque es sabido que también asesinaron a miles de indígenas que opusieron resistencia.

Lázaro Cárdenas, uno de los presidentes más admirados por el actual presidente López Obrador, en lugar de pedir disculpas al gobierno español, abrió la puerta de nuestro país a miles de refugiados ibéricos que huyeron de la dictadura fascista de Francisco Franco.

Muchos de ellos trajeron inversiones, ciencia, arte y cultura que enriqueció mutuamente a las sociedades de ambos lados del Atlántico. Entre ellos, podemos mencionar a Luis Buñuel, Pedro Garfias, Enrique Diez-Canedo, José Gaos, Luis Recaséns Sichés, Eugenio Imaz y León Felipe por mencionar algunos.

En fin, sin los españoles no seríamos México y probablemente los aztecas junto con los demás pueblos originarios, habrían sido avasallados por otras naciones, quizás por los Estados Unidos o por los ingleses.

Estoy convencido de que si así hubiese sido, en lugar de hablar de mestizaje, se hablaría de extermino, y en estas tierras, en lugar de pueblos originarios, lo habitarían gringos de ojo azul.

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