Caretas


Siempre he sostenido que en México todo el mundo tiene el secreto para encender el carbón, todos son mejores directores técnicos de futbol que los profesionales y, por alguna extraña razón, todo el mundo cree que sabe de comunicación de gobiernos y campañas.
Conforme se acerca la elección van cayendo las caretas de quienes se ofrecieron como los grandes estrategas y terminan no sólo cometiendo un grave error, sino provocando que los sueños de un candidato y su equipo se vayan por la borda.
Conforme avanza la campaña, los ingenuos que les creyeron y los mismos "genios" se percatan de la verdad, de que lo que les vendieron fue una ilusión, que la encuesta que los ponía arriba en las preferencias fue simplemente un truco barato, que todo era un artificio y, lo que es mucho peor, que ya no hay tiempo para recomponer el barco ni remediar los errores.
Pasan los días y los "monstruos" de la mercadotecnia quisieran que fueran hacia atrás; no porque tengan una solución bajo la manga, sino para ver si en una de esas alguna de sus ocurrencias funciona y les hace revertir las tendencias, pero ellos saben que no será así, que nada de eso ocurrirá. Y buscarán pretextos y justificaciones y echarán culpas, pero en el fondo ellos conocen la verdadera razón de la derrota.
También hay -y conozco tantos o más que los primeros- candidatos balines, sin arrastre, sin carisma, sin equipo, que son flojos, atenidos, que confunden los sueños con sus posibilidades y que encima no tienen ni dinero ni respaldo de nadie y así es imposible ganar la votación para la mesa directiva de un jardín de niños.
En una elección no hay otra opción que ganar. Al final muchos podrán esgrimir mil y una justificaciones (recordemos que a la victoria le sobran padres y la derrota es huérfana), pero dos personas en especial conocen toda la verdad: el candidato y el responsable de la estrategia y uno de ellos dos es el verdadero culpable de la caída.
Se acercan las fechas y van cayendo las caretas.
































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