¡La función de los padres no es consentir, si no educar!


En la actualidad, la dinámica familiar ha cambiado drásticamente debido a diversos factores, lo cual ha traído como consecuencia una pérdida de valores, si bien podemos verlas reflejadas en adolescentes y adultos, son en los niños pequeños donde ésta problemática surge.
No basta con solo traer hijos al mundo, se debe asumir con responsabilidad y compromiso el papel de ser padres, que deben ser dignos exponentes de principios y valores, dando ejemplo con sus actuaciones y no pensando en delegarle a terceros lo que a cada uno le corresponde, ya que en estos días es muy común que tanto papá como mamá, tengan que salir a trabajar, ya sea por factores externos a ellos o bien por ambicionar un mayor ingreso económico al hogar, aún a costa de la cercanía con los hijos. Los abuelos terminan siendo los encargados no solo de cuidar a sus nietos, sino también de educarlos.

¿Qué pasa si los padres no están?, y cuando están ¿por qué les cuesta pasar tiempo con sus hijos?, sí, entiendo que como padres trabajadores desean proveer a sus niños una mejor calidad de vida, también entiendo que están cansados de una semana llena de preocupaciones y presiones laborales o quizá, el niño es muy inquieto, ¡en fin! las razones pueden ser muchas, así que en muchos casos buscan compensar esta carencia de convivencia, con juguetes, ropa, comida, e incluso aparatos electrónicos que realmente no son adecuados para su edad.
Los padres ya no permiten que sus hijos experimenten frustraciones y dedican el tiempo que conviven con ellos a cumplir sus caprichos, lo cual los vuelve intolerantes y en un futuro, incapaces de afrontar la realidad de la vida donde mamá y papá ya no están para solucionar los problemas que los llegasen a agobiar, o bien tienden a creer, que con llorar o un berrinche el resto de las personas les darán lo que pidan, pero bueno…
Los niños no son culpables de esta situación, ellos solo han sido formados bajo esta “educación” permisiva, donde sus padres les han hecho creer que se merecen todo por el simple hecho de ser ellos. Al crecer y salir del protector seno familiar, el ahora joven adulto no puede asimilar las frustraciones que genera la vida, por el simple hecho de que no fue preparado para ello.
Muchos de estos niños terminarán convirtiéndose en adultos, irresponsables y egoístas; otros tantos aprenderán a la mala a enfrentar sus problemas y después de mucho sufrir y un gran cambio de mentalidad, serán capaces enfrentar su rol en la sociedad y por fin ¡MADURAR!

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