Las trampas de la “broncodemocracia”


Ofrezco anticipadas disculpas a mis dos lectores (aspiro a llegar a los cuatro lectores de Catón) y desde luego a la memoria de nuestro premio Nobel Octavio Paz, por parafrasear uno de sus títulos más conocidos, el de “Las Trampas de la Fe” en el que reseña la obra de nuestra poetisa por excelencia, Sor Juana Inés de la Cruz.
No pretendo escribir un tratado sobre las nuevas tendencias democráticas que emergieron en todo el país a partir de las candidaturas independientes, y concretamente, del triunfo electoral de Jaime Rodríguez Calderón, quien se ha convertido en fenómeno socio político de interés nacional e internacional, no solo por su arribo al poder sin un partido político que lo respalde, sino también por su particular estilo desenfadado e irreverente.
En estas líneas me limitaré a señalar una de las contradicciones democráticas más evidentes del nuevo “padre de las nueva independencia” El Bronco, Jaime Rodríguez Calderón.
No deja de ser curioso que quien ha sido beneficiado por la creciente ola de participación democrática del electorado nuevoleonés, desdeñe así al sistema democrático que le permitió obtener la gubernatura de uno de los estados más importantes del país, al declarar sin pudor alguno, que no permitirá pertenecer a algún partido político a ninguno de los trabajadores de su administración, desde los puestos más encumbrados hasta el de la secretaria que atiende una ventanilla de servicio.
Quien quiera trabajar en su gobierno, aclaró, debe renunciar a cualquier tipo de militancia partidista.
Así, de manera flagrante, El Bronco viola los derechos políticos de los ciudadanos, los cuales están consagrados en la Constitución Política de México y forman parte de los derechos fundamentales del hombre en todo el mundo, mismo que deben ser garantizados por la Comisión Nacional de Derechos Humanos y las Comisiones Estatales.
Si bien es cierto que los partidos políticos están sumamente desprestigiados y que en las actuales condiciones, todos requieren de una cirugía mayor, como sociedad tampoco debemos satanizarlos, porque se corre el riesgo de caer en caudillismos y mesianismos políticos insólitos y desastrosos para el desarrollo de cualquier país.
La historia universal es testigo mudo de los desastres que han ocasionado los mesianismos políticos, al considerar que sus ideas son mejores que los derechos, la libertad y hasta las vidas de quienes no piensan como ellos.
Alguno de los prestigiados abogados que acompañan al Gobernador Jaime Rodríguez, debería aconsejarlo bien y hacerle ver que los derechos políticos son inherentes al ser humano y por eso los consagran las constituciones del mundo y las leyes secundarias; en otras palabras, no es una graciosa concesión del gobernante en turno.
Llama la atención del silencio de los colegios de abogados, los académicos, de la Presidencia de la Comisión Estatal de Derechos Humanos y hasta de los propios partidos políticos que han preferido no opacar al nuevo gobernador, para no verse ametrallados por los seguidores del Bronco en las redes sociales.
Si el primer día de su gobierno “decretó” la cancelación de los derechos políticos y electorales de los burócratas, ¿Qué otra sorpresa nos espera a los ciudadanos en los siguientes seis años?
































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