Hay que ver el pasado...

Esperaba que la colaboración de este día la dedicaría a realizar algunas reflexiones sobre la espada que se tiende sobre nuestras cabezas con la enorme interrogación de cómo será el primer día de Donaldo Trump como presidente de los Estados Unidos especialmente en sus acciones y relaciones con nuestro país. La reflexión iría hacia el futuro y nada, que los hechos obligan a ver el pasado para entender el presente. ¿Quién armó al adolescente asesino del Colegio Americano? Quizá desde los años sesentas y setentas, cuando los expertos en asuntos juveniles instruyeron a que los padres de familia se hicieran amigos de sus hijos, y que la autoridad de la familia se convirtiera en confidencialidad. Luego, entre crisis económicas y el despertar muchas veces no entendido de las mujeres en actividades de la sociedad se creó una anarquía en la célula de la sociedad y los llamados expertos o sociólogos no definieron cuales serían las expectativas del nuevo orden de valores mundial. Los muchachos pudieron acceder a cualquier tipo de droga y hasta la música, iniciada con posturas rebeldes, se relacionó con manifestaciones anárquicas y consumo de químicos enloquecedores mientras la población crecía y la calidad de la educación no importaba a las grandes potencias que peleaban sus intereses económicos y la explotación de los débiles. Las drogas fueron el negocio del mundo y penetraron hasta en la santería del mundo socialista, en la URSS y Cuba. La violencia se apoderó del negocio buscando mejores ganancias y México, de ruta hacia el país del norte, dejó que sus jóvenes incendiaran su cerebro y buscaran el dinero fácil mientras los gobernantes adoraban el becerro de oro. Nuevo León, estado conservador, no se blindó contra los temas del diablo y la violencia nos sacudió desde hace varios años. Miles son los muertos y los desaparecidos por la guerra anti narco y miles de millones de pesos atraen la carrera burocrática. Hay muchos jóvenes abandonados por sus padres, por ambición y necesidades materiales. La “amistad” con los hijos revolvió lo que se llama respeto y no hay figuras de autoridad en el conocimiento. Todos hemos fallado y la enorme violencia que estamos viviendo ha puesto pistolas en lugar de libros en los jóvenes. El caso del miércoles fue público y nos sacudió, pero ya pasará otro suceso igual o peor. O el gobierno de Trump volverá a distraernos y la tragedia sólo quedará como tema de una catarsis y un sentimiento de culpabilidad tardía. ¡Oh, Dios! prensahg@hotmail.com
































Comentarios