Pero ¡qué necesidad!...

Pero ¡qué necesidad!, cantaba Juan Gabriel. De una plumada, el presidente Enrique Peña Nieto echó por tierra la reforma política de don Jesús Reyes Heroles y las luchas de muchos años para acabar con la dictablanda y que la democracia mexicana se marcara con pluralidad. Peña dijo que un triunfo de la oposición en México, en el 2018, sería un retroceso. O séase que la impopularidad de su gobierno, fracasó en buscar las mejores condiciones para los mexicanos y vivimos un regreso a la edad de piedra, puesto que las condiciones son peores que cuando la Revolución nació. Es cierto que la pluralidad en las elecciones no ha sido un triunfo para los partidos diferentes al del presidente, pero ahí el fracaso fue la condición humana de personajes como Vicente Fox y Felipe Calderón, más salidos de las películas de las ficheras o los charros borrachos. Pero hay que aprender errando. ¿La carga apestosa de la corrupción priista, por ejemplo, qué es? Los ex gobernadores enloquecidos que se bañaban entre billetes evocando las tiras cómicas de Rico Mac Pato es la ofensa más grande que las galaxias y ningún priista ha pedido perdón y en el gobierno peñista no se castiga con nada. Son muchos los errores verbales de Enrique Peña Nieto, pero cuando al desliz se le agregan las ofensas, como eso de que oposición es un retroceso, merece una respuesta. No hay razones para decir que el PRI es un avance y sinónimo de progreso. No se vale, Presidente, que esa sea la forma en que demuestre que anda con la vista gacha por los resultados de las encuestas y por todo lo que se comenta de su gobierno y los colegas políticos que ven la tempestad y no se hincan. ¡Chihuahua!, ni porque hoy es viernes de cuaresma. prensahg@hotmail.com
































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