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Para recordar...

31 jul 2017
2 min de lectura

Eran sus recorridos los desaparecidos bares de antaño El Fornos, La Reforma y el Bar 1900 del Hotel Ancira. Tras unas cervezas, el poeta español Pedro Garfias sentado en la barra o una mesa de esas cantinas, le daba rienda suelta a su inspiración. Era un viejo de trato hermoso y de sabiduría plena, de aquellos que vivieron los años de oro de la cultura en la Universidad Autónoma de Nuevo León cuando Raúl Rangel Frías impulsaba la Escuela de Verano a través de Extensión Universitaria junto a Francisco M. Zertuche, otro de los prohombres universitarios. Muy seguido, cuando éramos preparatorianos, José Delgado Samaniego y este columnista hablamos de la obra de Pedro Garfias. De su “Novia de Monterrey”, “Se llamaba, se Llamaba…” y tantas poesías más del refugiado de la Guerra Civil Española. Un día, Pepe Delgado y yo llegamos a tomar unos tarros en el “1900” del Ancira y en la barra estaba el admirado poeta. Le invitamos una bebida y aceptó ir un rato a nuestra mesa. Nos preguntó de la Universidad y del entonces ya gobernador Eduardo Livas Villarreal, que junto con José Alvarado eran sus grandes amigos. Un rato después dijo que muchos de los comensales del bar lo habían invitado y él los había rechazado. “Pero a los jóvenes no los puedo rechazar y por eso estoy aquí. Ya platicamos, sigan ustedes con su charla y yo me pondré a escribir.” Saqué de mi bolsa una hoja de papel y se la di, pero respondió que podría perderla y nos enseñó un ejemplar de la revista Siempre! , de José Pagés Llergo y dijo esta no la he leído y no la pierdo. El diseño de la mejor revista política de la época tenía “blancos” en sus páginas y en esos espacios empezó a escribir ante la emoción de Delgado y mía. Un rato después dijo “voy a leerles lo que escribí” y narró el poema de su creación en donde mencionaba una conflagración mundial producto de la tercera guerra mundial. Cerró la revista y dijo que nos fuéramos al Bar Reforma. “Aquí es muy cara la bebida”. Así lo hicimos y tras dos cervezas más se retiró del Reforma dejándonos con un sentimiento de haber vivido parte de la historia de la literatura: ver escribir a Pedro Garfias. Meses después, ese poema apareció publicado en la revista Siempre!, lo que hizo a nuestra vivencia más histórica. El poeta español murió el 9 de agosto de hace cincuenta años y la oración fúnebre la pronunció el maestro Raúl Rangel Frías que estremeció a los pocos asistentes que llegamos al panteón Del Carmen. La hoy UANL no debe de olvidarlo, como tanto Pepe Delgado Samaniego como yo no olvidamos aquel trozo de nuestra vida. Gracias, maestro Garfias. prensahg@hotmail.com


 
 
 

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