El cinismo y la simulación

El cinismo y la simulación de quienes ostentan la representación del sistema político mexicano es lo que debería de despertar más coraje entre los ciudadanos. O de veras estamos en una utopía, todos somos felices, los funcionarios y los políticos son ángeles y querubines o somos una población hipnotizada por lo más diabólico que existe. Todavía no nos explicamos, por ejemplo, por qué no se castiga la corrupción del gobierno que encabezó Rodrigo Medina en Nuevo León y poco a poco exculpan a los acusados. Sólo el jefe de la pandilla será declarado inocente al último y quien se ostentó como el juez en su campaña, ya disfruta de lo que se dijo desde mucho tiempo antes, de que sería candidato presidencial mientras jugaba a las prisiones con su antecesor. Algunos ex gobernadores están encarcelados pero nadie apuesta por una estancia larga en las rejas. Son ladrones, pero no tontos. Los nuevos acusados, como Emilio Lozoya Austin, de los protegidos presidenciales, son cubiertos de un manto blanco y aunque tuvo relación con los empresarios brasileños de Odebrecht y sus satélites es el único que no ha sido acusado como tanto político corrupto de Brasil, Perú, Panamá, Colombia a quienes la empresa les regaló millones de dólares para que ganaran las elecciones y una vez en el poder obtuvieran contratos para sus negocios. En México no somos corruptos y aunque nos ofrecieron algunos millones no los aceptamos, dirían Lozoya y sus defensores. (No se ría). Por eso tendremos que preguntarnos una vez más si los creemos inocentes o los que estamos enfermos de inocencia somos los ciudadanos. Hay documentos ya publicados en varios medios que por lo menos despiertan la sospecha de que la empresa brasileña actuó como lo hizo en varios países con presidentes y candidatos. El Partido Revolucionario Institucional no tiene defensa y se hunde en las mismas arenas movedizas. Quizá no lo salve ni un candidato bipartidista. prensahg@hotmail.com
































Comentarios