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  • Foto del escritorFRANCISCO TIJERINA ELGUEZÁBAL

Parece, pero no es




Percepciones Francisco Tijerina Elguezabal..24 de abril


“La democracia debe guardarse de dos excesos: el espíritu de desigualdad, que la conduce a la aristocracia, y el espíritu de igualdad extrema, que la conduce al despotismo” Montesquieu

Siendo niño cuando viajábamos por carretera mi padre se divertía con nosotros cuando le preguntábamos al llegar a un poblado: “¿Ya llegamos a tal parte?”, y aunque así fuera nos decía: “Parece, pero no es”, de tal suerte que nunca llegábamos a ningún lado. Suena bien la idea de los panistas Annia Gómez y Mauro Guerra de presentar una iniciativa de ley para la creación de un Observatorio Estatal que analice y verifique que exista una igualdad salarial entre hombres y mujeres tanto en el sector público como en el privado, pero hay que tener cuidado de que “parezca, pero no sea”. Considero que desde hace ya algunos años este tema se ha convertido en un mito pues las empresas han ido rompiendo con la vieja práctica de otorgar salarios más bajos a las mujeres. A pesar de lo anterior no dudo de que se sigan dando algunos casos de este tipo de desigualdad, por lo que la propuesta de los legisladores albiazules viene bien, siempre y cuando tomen en consideración, al momento de definir leyes y reglas, algunos puntos. Es importante que a igual trabajo, igual salario; pero es necesario reconocer otros aspectos como antigüedad y experiencia, además de habilidades y responsabilidades adicionales de trabajo y no simplemente marcar un tabulador a rajatabla. Porque te puedes encontrar un marco que defina los puestos de una dependencia o empresa, pero estos nunca podrán ser lo suficientemente descriptivos como para marcar las pequeñas diferencias que diferencian a un empleado “X” con uno con más capacidades y en estricta justicia eso merece ser reconocido y pagado de distinta manera. Lo que es necesario evitar, y en ello los diputados tienen mucho trabajo, es que no se llegue a los extremos a los que desafortunadamente se ha llegado en el caso de las candidaturas a puestos de elección popular, en los que lo que menos importa es el perfil del candidato porque con las nuevas reglas de paridad aquí toca mujer y háganle como quieran, aunque la mujer propuesta no tenga ni por asomo las mismas credenciales que alguno de los hombres que pudiesen ocupar el cargo. De justicia es reconocerlo y evitarlo. En el México de antaño era común negarles el empleo y someterlas a bajos salarios, pero repito, la historia ha ido cambiando y es nuestra obligación el que este cambio sea benéfico para todos y que no atienda únicamente a una

cuestión de género, sino de una sana y libre competencia en donde si una mujer tiene más capacidad pueda ganar más dinero que cualquier hombre.



CUENTAS


Percepciones Francisco Tijerina Elguezabal --12-ABRIL-

“El mundo exige resultados. No le cuentes a otros tus dolores del parto. Muéstrales al niño” Indira Gandhi

Aritmética básica, de esa que te enseñan en primero de primaria después de las primeras letras, suma y resta, nada de complicarse con multiplicaciones y divisiones. Así se puede delinear la estrategia que el Gobierno de Nuevo León tiene en cuanto al transporte público de pasajeros y por más que intento las cuentas no me dan. Con un ambicioso proyecto, “el mejor del mundo mundial” como de costumbre, se anunció la renovación de la flotilla de unidades del transporte urbano y hasta el momento las promesas de llegada de los nuevos camiones no se cumplen. Y a cada incumplimiento una explicación y una nueva postergación. Patean el bote, pero en la calle la realidad se empecina en demostrar que siguen fallando. Los números no son nuestros, fueron los funcionarios del actual gobierno los que los pusieron en la mesa, pero además resulta evidente que existe un déficit de unidades que provoca largas filas de desesperados pasajeros todos los días. No es su culpa, así les heredaron el problema y la reducción de camiones es una circunstancia de una política absurda de no autorizar el incremento en las tarifas en un círculo vicioso que ni autoridades ni transportistas se animan a romper. Lo más extraño es que siguen prometiendo que para noviembre próximo se tendrán mil 800 camiones nuevos. ¿Son los suficientes como para dotar al área metropolitana de Monterrey de un transporte de calidad? ¿Por qué creer si en sus números originales deberíamos contar hoy con mil 200 nuevos camiones y no han podido completar ni la mitad? Además les falta rumbo, estrategia y “timing” para hacer sus anuncios, mismos que no tienen otro origen más que el buscar sacudirse la culpa del retraso en la puesta en operación de los muy prometidos camiones. Así, el día que entregan 20 y con más de mil 200 pendientes, se avientan la puntada de dar a conocer que en breve retirarán de la circulación 660 unidades por haber concluido su vigencia; esto, en sumas y restas, significa que un tercio de los nuevos camiones suplirán a los ya existentes, por lo que el incremento en el parque vehicular será en menos de mil 200 unidades. ¿Podrán mejorar con eso?

Claro que para “justificar” su inacción también son buenos, porque atribuyen los choques y accidentes a los camiones chatarra que circulan por nuestras calles. Pero no hablan de los empalmes de rutas, de la nula supervisión de choferes y de la manera en que conducen los intocables operadores y mucho más intocables dueños de unidades. Podrán decir misa, pero los números no cuadran en lo básico para cumplir la demanda. Ya no entremos en el tema del pago por kilómetro y esos rollos, porque seguro van a terminar mil veces peor. Sumas y restas, así de fácil.






Nueva era

Percepciones Francisco Tijerina Elguezabal


“El mundo moderno está lleno de hombres que sostienen dogmas con tanta firmeza, que ni siquiera se dan cuenta de que son dogmas” Gilbert Keith Chesterton

En una era en la que los influencers, el tik-tok, instagram, twitter y Facebook dominan la mercadotecnia y estrategia política, cualquiera pensaría que sería natural que la dinámica y forma de participar en los debates entre candidatos debería haber cambiado, pero no es así. Por lo menos no lo fue en el de ayer en Coahuila en donde no hubo diferencia alguna en forma y fondo con los encuentros de antaño, en donde los aspirantes se limitaron, de entrada, a hacer trizas al puntero, pero al final terminaron dándose hasta la cubeta entre ellos mismos y dejando solo a quien lidera las preferencias. Coahuila, tan moderno, tan próspero, tierra de mis ancestros, tiene políticos de rancho y debates con sabor rancio. Sin estrategia y menos propuestas, los candidatos se limitaron a tirarse puyas, lanzar acusaciones, llevar acarreados y embadurnarse de crema cuando hablaban de “sus propuestas” que no eran más que obviedades. El más estructurado fue Manolo Jiménez, candidato de la alianza PRI-PAN-PRD que va arriba en las encuestas y cuya participación no requería más que seguir “el librito”, respondiendo a los ataques totalmente previsibles y centrándose en una actitud proactiva. Sin embargo al ex alcalde de Saltillo le hizo falta preparación para ser contundente y borrar a sus oponentes, se vio bien, pero bien a secas. Armando Guadiana, de Morena, se vio improvisado y sin objetivos fijos, totalmente coyuntural, con frases hechas y sin capacidad para responder a los cuestionamientos difíciles; tuvo algunos apoyos visuales que deasprovechó y su participación difícilmente le generará más adeptos. Ricardo Mejía Berdeja y Evaristo Lenin Pérez resultaron incapaces de centrar su participación y acabaron atomizando sus misiles al disparar sin ton ni son hacia sus adversarios; ellos no ganan, pierden en el debate. Después de 60 años cuando Kennedy y Nixon realizaron el primer debate televisivo, las formas, estilos y estrategias deberían de cambiar, sobre todo con la dinámica de la nueva comunicación, pero los candidatos y los partidos en México siguen empecinados en hacer las cosas exactamente igual.

Mención aparte merece la moderadora, Sandra Romandía, a quien el afán protagónico le ganó y se puso a tirar misiles al candidato del PRI-PAN-PRD en una de las preguntas argumentando que era periodista de investigación. Pobre de Javier Solórzano, que la acompañaba en el cometido, que hasta pena ajena sintió de su compañera. (16-abril 2023)



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Percepciones/ Francisco Tijerina Elguezabal


“Cualquier cosa que se quiere decir sólo hay una palabra para expresarla, un verbo para animarla y un adjetivo para calificarla” Guy de Maupassant

Los políticos de la nueva hornada tienen la imperiosa necesidad de a cualquier cosa que dicen, comentan, publican en sus redes sociales, declaran o expresan en un discurso, colgarles un sinfín de adjetivos en grado aumentativo. Nosotros también fuimos niños y en nuestras discusiones infantiles era común llegar a los extremos con el fin de ganar una discusión y así era normal el que alguien te dijera: “Mi papá es bombero y te moja” y no faltaba quien respondiera “pues el mío es soldado y tiene pistola”. Hoy todo cuanto hacen nuestros políticos y servidores públicos es “más grande que nunca antes en la historia”, es “como no se había hecho en tantos mil años” o “es lo más mejor del mundo mundial”. Se equivocan irremediablemente, porque el juicio ciudadano no se cimentará en sus pomposos adjetivos, sino en la utilidad práctica, beneficio e impacto que esas acciones tengan en la comunidad, de manera que sus aumentativos salen sobrando. Además de presuntuosos y chocantes, nuestros jóvenes políticos con demasiada frecuencia terminan siendo exhibidos como desinformados y mentirosos, ya que la historia se encarga de demostrar que sus obras ni son tan grandes, ni tan fastuosas como ellos presumen porque ya antes hubo alguna “mucho más mejor”, para ponerlo en sus propios términos. Fallan porque al engrandecer innecesariamente los hechos lo único que logran es construir una barrera mental en los receptores de la información al sembrar una duda: ¿será o no la más grande, será o no la mejor, será que nunca antes se hizo algo igual”, misma que en la mayoría de las ocasiones no queda resuelta por falta de tiempo o interés, pero que deja el mal sabor de boca en la sociedad. El presumido jamás ha sido bien visto. Los ciudadanos y el tiempo son los jueces de la historia y para ellos no hay adjetivos que valgan. Por mucho que presuman se requiere la prueba de la funcionalidad de una obra para saber si es buena o no y, también, es necesario esperar un tiempo prudente para saber si dicha acción mantiene su status y resuelve el problema para el cual fue construida. Ahí tiene el caso de las estaciones de la Línea 2 del Metro que nos presumieron como una magna obra de ingeniería y resulta que se estaba cayendo a pedacitos.

Por eso no es bueno ponerle tanta crema a los tacos, ni echarse completo el tarro del aceite uno mismo. Deberían dejar que sean los usuarios, y no ellos, sus colaboradores y achichincles, quienes califiquen la utilidad de una obra y permitir que sea el “boca a boca” el que les ensalce y engrandezca. Sería de gran utilidad el recordarles aquella frase que reza que “alabanza en boca propia es vituperio” y recomendarles que antes de que empiecen su perorata de adjetivos, le bajen unas tres rayitas al tigres y se inyecten una dosis doble de prudencia, porque sus palabras se las van a recordar y eso sí, mucho antes de lo que se imaginan.

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