top of page

Nuevo Leon: Entre boletines y algoritmos: la paradoja de la realidad

  • Foto del escritor: Hector G.
    Hector G.
  • hace 1 día
  • 4 min de lectura


Hay algo extraño en Nuevo León. Mientras los boletines oficiales anuncian inversiones, nuevas empresas y miles de empleos, en las redes sociales se repite una frase que parece pertenecer a otro estado: “no hay empleo”. Unos hablan de crecimiento; otros, de puertas cerradas. Unos cuentan las oportunidades que llegan; otros, las oportunidades que nunca encontraron. Y quizá lo verdaderamente interesante no sea descubrir quién tiene la razón, sino preguntarnos cómo es posible que ambos estén hablando del mismo Nuevo León.


Si uno mira al estado a través de sus boletines oficiales, la historia parece bastante clara: inversiones históricas, nuevas empresas, plantas que llegan y miles de empleos que se anuncian como prueba de la fortaleza económica del estado. Es el Nuevo León que crece, que atrae capital y que se presenta como uno de los grandes motores económicos de México. Y sería injusto decir que todo eso es una ficción. Las inversiones existen, las empresas existen y los empleos existen. Pero el boletín tiene una particularidad: cuenta el nacimiento de la oportunidad, no necesariamente la vida de quien intenta alcanzarla. No nos dice cuánto gana quien ocupa ese puesto, cuánto paga de renta, cuánto le cuesta trasladarse o si ese salario le permite vivir dignamente.


Del otro lado está el Nuevo León que aparece en las redes. Personas que llevan semanas o meses buscando trabajo, profesionistas que no encuentran una oportunidad relacionada con lo que estudiaron, jóvenes a quienes les piden experiencia para puestos de entrada y trabajadores que aseguran que los salarios ofrecidos simplemente no alcanzan. Una historia encuentra a otra, y otra a otra, hasta que la frase comienza a repetirse como un eco: “no hay empleo”. No necesariamente porque no existan vacantes, sino porque para quien busca un trabajo digno, con un salario suficiente y condiciones aceptables, las oportunidades que aparecen en los comunicados pueden sentirse tan lejanas como si no existieran.


Mucho antes de Facebook, TikTok o X, el periodista y pensador Walter Lippmann advertía que las personas no reaccionamos directamente ante la realidad, sino ante las imágenes que construimos de ella. Entre lo que sucede y lo que creemos que sucede existe siempre una representación. No podemos conocerlo todo, verlo todo ni experimentarlo todo; necesitamos construir una idea del mundo a partir de aquello que alcanzamos a percibir. Hoy esa construcción ocurre también frente a una pantalla. Y aquí surge una pregunta incómoda: ¿cuánto de nuestro Nuevo León conocemos y cuánto de él simplemente hemos aprendido a imaginar?


Décadas después, Eli Pariser puso nombre a una de las formas en que esa percepción puede comenzar a cerrarse sobre sí misma: la “burbuja de filtros”. Los algoritmos aprenden de lo que miramos, compartimos, comentamos y rechazamos, y con esa información seleccionan qué historias volveremos a encontrar. Si nuestra atención se detiene una y otra vez en personas que no consiguen empleo, el algoritmo no necesariamente nos mostrará el mercado laboral completo; nos mostrará más historias sobre personas que no consiguen empleo. Poco a poco, nuestra imagen del mundo comienza a parecerse cada vez más a aquello que el algoritmo sabe que queremos mirar. Dos personas pueden vivir en el mismo Nuevo León, caminar por las mismas calles y, sin embargo, habitar realidades completamente distintas. Para una, el estado está lleno de oportunidades; para la otra, está lleno de puertas cerradas. Ambas tienen pruebas frente a los ojos. Ambas pueden estar diciendo la verdad.


Y aquí aparece una vieja paradoja filosófica: la paradoja del montón. Si un grano de arena no hace un montón, y otro tampoco, ¿en qué momento la suma de muchos granos se convierte en un montón? Algo parecido ocurre con el empleo. Un boletín que anuncia mil puestos es un dato concreto; una persona que publica que lleva meses sin encontrar trabajo también está contando una experiencia concreta. Pero mientras los boletines acumulan empleos y construyen un relato de prosperidad, el algoritmo acumula frustraciones y construye un relato de escasez. Ninguno necesita mentir para construir una realidad distinta. La pregunta es otra: ¿en qué momento la suma de todas las historias de fracaso se convierte en la realidad del estado?


Quizá el problema sea que hemos comenzado a confundir el reflejo con aquello que se refleja. El boletín selecciona una parte de Nuevo León y la convierte en narrativa institucional. El algoritmo selecciona otra y la convierte en experiencia colectiva. Uno amplifica lo que funciona; el otro, lo que duele. Entre ambos queda un estado mucho más complejo: el del empresario que no encuentra al trabajador que necesita, el del profesionista que no consigue una oportunidad, el del empleado que necesita un segundo ingreso, el de quien tiene trabajo pero no puede pagar una vivienda sin sacrificar otras cosas. La estadística puede decirnos que una persona está ocupada; su vida puede decirnos que todavía está buscando cómo salir adelante.


Tal vez por eso la discusión no debería reducirse a decidir quién tiene la razón. Nuevo León puede estar creciendo y, al mismo tiempo, puede haber habitantes que sientan que ese crecimiento no los alcanza. Puede haber miles de empleos nuevos y personas incapaces de acceder a ellos. Puede haber inversión récord y salarios que no correspondan con el costo de vivir en la ciudad. La paradoja no está en que uno de los dos espejos sea falso, sino en que ambos pueden reflejar una parte verdadera y, aun así, ninguno mostrarnos el paisaje completo.


Porque al final, un estado no debería medir únicamente su prosperidad por los millones de pesos que atrae, las empresas que llegan o los empleos que genera. También debería preguntarse qué vidas consigue transformar con esa prosperidad. Quizá el verdadero Nuevo León no esté en los boletines ni en los algoritmos, sino en el espacio que existe entre ambos: en la vida cotidiana de quienes trabajan, buscan trabajo, cambian de empleo, tienen dos empleos o simplemente intentan que uno solo alcance.


Tal vez la pregunta que deberíamos hacernos, cuando terminamos de mirar ambos espejos, no es si Nuevo León está creciendo, sino: ¿Quién crece con Nuevo León?

 
 
 

Comentarios


Diseño 1.png

Noticias recientes

Contacto

  • Facebook
  • Youtube
  • X
  • Instagram

¡Gracias por visitarnos! Si tienes alguna pregunta o comentario, no dudes en ponerte en contacto con nosotros. Estaremos encantados de ayudarte en lo que necesites.

15 Segundos

¡Gracias por tu mensaje!

bottom of page