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  • Foto del escritorAraceli Garza

Sobrevivientes del Huracán “Gilberto”; a 34 años de su devastación


Escrito del amigo y compañero periodistas que murió hace dos años Francisco Salazar Leal exdirector de comunicación del IMSS, tomado de archivos periodísticos. En su honor y de todos los que perecieron.

16 y 17 de septiembre de 1988, la inundación que cambió la vida de los neoloneses


Cuando hablamos del huracán “Gilberto” es inevitable acordarnos de varios acontecimientos que sucedieron entorno a este fenómeno y que dejaron huella imborrable en nuestra mente. La muerte de dos entrañables amigos Carlos Torres y Leonardo Zavala, periodistas de los desaparecidos diarios Tribuna y El Nacional. La conferencia de prensa que dictó el entonces Gobernador de Tamaulipas, Ing. Américo Villarreal….. que vimos en vivo en Televisión y donde anunciaba que el fenómeno había dejado de ser peligro para aquella Entidad, pues había cruzado de largo por las planicies de La Pesca y Soto La Marina. Mientras ese Mandatario Estatal daba palabras de tranquilidad a sus coterráneos nosotros nos que dábamos atónitos, porque al mismo empezó a salir en las pantallas de los televisores anuncios en barras que decían claramente que “El huracán Gilberto se dirige a Nuevo León…Se exhorta a la población que vive cerca de afluentes pluviales, ríos, arroyos dirigirse a partes altas”. Se hacía mucho hincapié en la población que vivía cerca de los Ríos Santa Catarina, Salinas y Pesquería. El huracán se enfilaba directamente a Nuevo León y chocaría en la Sierra Madre Oriental, como ocurrió finalmente. A 25 años de la tragedia que trajo consigo “El Gilberto” no podemos dejar de recordar también la tragedia de los autobuses que fueron arrastrados por las embravecidas aguas del Rio Santa Catarina, con todo y sus pasajeros. Esa gran fatalidad fue por la imprudencia de la autoridad al desviar esas unida- des de su ruta normal, hacia Ignacio Morones Prieto que en minutos ya era parte del Rio, pues esa avenida corre al mismo nivel de ese rio. Nadie dio la orden de suspender el tránsito de unidades de todo tipo, cuando todos sabían que la llegada del meteoro era inevitable. No estábamos preparados para enfrentar esas contingencias me- teorológicas y pagamos un alto precio. A pesar de estar avisados que venía para Nuevo León nada pudimos hacer para evitar las 200 muertes que nos costó esa tragedia. Una leyenda urbana, difundida en los diarios de esa época, dice que una alta autoridad estatal cito a sus funcionarios a Palacio y los despachó temprano porque dijo, al día siguiente habrá mucho trabajo por el huracán. La suerte estaba echada. El Grito de Independencia y el asueto obligado La tarea en la redacción del entonces Diario de Monterrey concluyó, con las tradicionales prisas de cerrar la edición en la víspera del 16 de Septiembre. Ya se había decretado en la administración del periódico que este aniversario del inicio de la gesta heroica no se laboraría. Por ello no habría edición de El Diario de Monterrey el día 17. El peso de la edición recaía en mi persona como subdirector editorial, porque el entonces director editorial, Lic. Jorge Villegas Nuñez se encontraba en Argentina, en un asunto relacionado con el periódico y la educación. El 15 de septiembre transcurrió normal en la redacción, sin sobre saltos, pero con el monitoreo constante de un huracán que nos era distante, “Gilberto”, uno de los meteoros más peligrosos en la historia registrada y que nos daba ya chispazos de lo peligroso que era, porque como marca la historia, los fenómenos que se forman en Cabo Verde, África, son los más devastadores. Y esta vez no fue la excepción. Reporteamos que “Gilberto” ya había ocasiona- do daños severos en la costa sudamericana del Atlántico, en su paso por el Caribe y más tarde en la península de Yucatán, donde golpeó Cancún, en Quintana Roo y en Puerto Progreso, antes de abandonar tierra y volver a las aguas marítimas, ahora en El Golfo de México. Los otros dos subdirectores de la empresa, Joel Sampayo Climaco, quien dirigía La Extra de la Tarde y el Lic. Arturo García Arizpe, (ya finado) quien se hacía cargo de la Extra de la Mañana si trabajarían el 16 de Septiembre. Cuando ya estaba el “Gilberto” en el Golfo, se decía que volvería a tomar fuerza y que muy probablemente volvería a tocar tierra, ahora en Matamlar que, incluso pegaría en Corpus Christi, también en Texas. Otros pronosticadores afirmaban que la fuerza de este huracán, con todo y las aguas cálidas del Golfo de México apenas lo haría llegar a Tampico o al norte de Veracruz. Joel Sampayo Climaco, al frente de la edición vespertina de la Extra de la Tarde del 16 de Septiembre, fue muy avezado y titulo la portada “Viene para Acá”, sus palabras impresas serían proféticas. “Gilberto” no tuvo la fuerza para llegar a Texas, pero tampoco perdió tanta que lo hubiera hecho llegar a Tampico o al Norte de Veracruz, como Tuxpan, como se pensó. Escogió un punto medio, “La Pesca” Tamaulipas, con casi la misma trayectoria del huracán “Alex. Durante el día y la tarde de ese 16 de Septiembre la Ciudad de Monterrey, con su área metropolitana, así como los municipios del Sur del Estado padecieron lluvias ligeras, que no hacían pensar que algo grave pasaría. Conforme entró la tarde, la lluvia arreció en la Ciudad. En esos momentos Carlos Torres González, periodista de Tribuna, que dirigía el maestro Francisco Cerda Muñoz, se topaba en la Macroplaza con Leonardo Zavala a quien de cariño llamábamos “El Pajaro” y lo convencía de ir a Torreón a la corrida donde tomaría su alternativa como matador “El Yeyo”, un joven que hizo nombre en la novillada en Monterrey. David Casas, entonces corresponsal de El Universal se arrepintió de ir a ese festejo taurino porque le pareció de mal augurio ir, cuando apenas hacía unas horas antes había chocado. “El Pájaro” después de cuadrar detalles en su casa y en su trabajo en El Nacional, terminaría, junto con Carlos, arriba de uno de los autobuses que se llevó la corriente la madrugada del 17 de septiembre. El cuerpo sin vida del periodista de Tribuna apareció hasta días después de la tragedia, en un ancón del Rio San Juan, que se forma por los afluentes del Rio Pesquería y Santa Catarina, más allá de China, Nuevo León. Los restos de “El Pájaro” nunca aparecieron.

Los amigos nunca llegaron a Torreón, el viaje concluyó apenas en Morones Prieto, cerca del antiguo vado de Santa Bárbara. Arturo Vio perder su carro; pero le salvo la vida. La lluvia ya era fuerte la noche del 16 de septiembre, no había mucha actividad en la ciudad y los compañeros de la Extra de la Mañana, cuya edición del 17 estaban haciendo, se daban prisa por concluir. La noticia estaba confirmada el huracán viene a Nuevo León. Arturo García Arizpe, concluye la edición pa- sada la media noche. Trajeado, como era su invariable costumbre y con paraguas en mano se monta en su Dart, color verde 1979 y se enfila a su casa, toman- 79 do como ruta Av. Eugenio Garza Sada, luego León Guzmán que interconectada con la avenida Morones Prieto. Poco antes de pasar bajo el Puente Zaragoza, advierte un encharcamiento y ve que un Volkswagen logra pasar sin problema, el sigue después y en cuestión de un minuto ve como el agua ya llega a la mitad de la puerta de su auto. Logra sacar algunos cassettes de música de Esthela Nuñez, su cantante favorita, y sale por la ventana. Cuando llega a la parte alta de la avenida ve como su vehículo flota y se lo lleva un gran rio que nunca imagino verlo lleno y con olas embravecidas. Su auto apareció enterrado a la altura del paso a desnivel de la avenida Revolución, bajo cuatro metros de piedras cuando ya había iniciado el desazolve. Lo primero que se dejó ver fue la calcomanía redonda de la facultad de Comunicación de la UANL pegada en el cristal posterior. El huracán nos tocó a todos los periodistas de El Diario de Monterrey recibirlo la madrugada en nuestras casas, pero no nos impidió reportear, mandando notas a Radio, donde el Arquitecto Héctor Benavides y el Licenciado José de la Luz Lozano tuvieron una transmisión maratónica, junto con su equipo de Multimedios Estrellas de Oro. La mañana del 17 de septiembre, tras varios intentos, pase el rio Santa Catarina por el puente Revolución, para poder llegar a las instalaciones del Periódico, donde salimos de laborar hasta la mañana del 18. Las fotos que puse en la portada de El Diario de Monterrey, Hoy Milenio, todavía nos hacen recordar ese rio tan lleno de agua y de odio, que le arrebató la vida y sus bienes a muchos nuevoleoneses. Francisco Salazar Leal, es periodista egresado de la FCC de la UANL, de donde es maestro. Ha sido reportero, editor, jefe de información y subdirector del Diario de Monterrey, corresponsal extranjero y actualmente es Coordinador de Comunicación Social del IMSS en NL.

Sobre el Huracán Gilberto todos tenemos una historia que contar porque todos vivimos la tragedia más grande que ha registrado Nuevo León desde su fundación.

Antes de decidirme a contar una crónica sobre los acontecimientos charlé con mucha gente que me contó sus anécdotas, me quedé maravillado por la elocuencia y la forma en que vibraban cuando contaban lo ocurrido recordando lo que vivieron la noche del 16 de septiembre o la madrugada y la mañana del día 17. Ya nada sería igual para miles en Nuevo León. Dos grandes anécdotas recuerdo de las muchas que escuché: Una de ellas de Carlota Vargas, mujer culta, preparada, capaz, dos veces diputada federal; tuvo la honrosa distinción de entregarle la banda presidencial a Ernesto Zedillo Ponce de León en el cambio de poderes cuando Carlos Salinas de Gortari concluyó su mandato en 1994. Recuerdo que me contó que la noche del 16 de septiembre le hablaron los vecinos de las colonias aledañas a la zona que ahora conocemos como avenida Alfonso Reyes, a la altura de río Pánuco: Los vecinos me hablaron alarmados porque sentían que sus casas se inundarían a causa de que los niveles del agua se habían elevado peligrosamente: Estaba en casa, dijo Carlota, cuando recibí la llamada de los vecinos, realmente estaban alarmados, acudí a un sitio que era conocido como antiguo camino a Villa de Santiago y Río Pánuco, el agua corría con fuerza como río descontrolado, no había avenida ni pavimento, lo primero que observé fue una barda que obstruía el paso del agua, era un muro propiedad de un señor Reyes, que para entonces había formado una represa que estaba a punto de reventar. Los vecinos preguntaban reiteradamente ¿qué hacemos? Ante el inminente peligro de una inundación, dijo Carlota Vargas, tomé la decisión de derribar la barda (continuará)


(Santiago González Soto Monterrey: Universidad Autónoma de Nuevo León ISBN: 978-607-27-0168-7 pp. 122

Del Libro del periodista)

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